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Qué pedirle a un arrendatario antes de entregarle las llaves

16 de septiembre de 2026 · 7 min de lectura

La lista que se pide en Colombia lleva veinte años igual: cédula, carta laboral, tres últimos extractos, dos referencias personales y, si se puede, un codeudor con finca raíz.

Es mucha fotocopia para tan poca certeza. La mitad de esa lista no se puede verificar y la otra mitad no dice lo que uno cree.

Lo que pides hoy, revisado uno por uno

La fotocopia de la cédula. Confirma que existe una cédula, no que sea de quien te la manda. Una foto de una cédula ajena se ve exactamente igual.

La carta laboral. Un documento en Word con un logo. Se falsifica en cinco minutos y casi nadie llama a verificarla.

Los extractos bancarios. Dicen cuánto entró en tres meses. No dicen cuánto debe, ni a quién.

Las referencias personales. Nadie da como referencia a quien vaya a hablar mal de él. Es el dato menos informativo de la lista.

El codeudor con finca raíz. Es lo único que históricamente ha funcionado, y por eso mismo excluye a muchísima gente: quien acaba de llegar a la ciudad, quien trabaja por cuenta propia, quien no tiene familia con propiedad.

Lo que sí se puede verificar

Tres cosas, y se verifican con fuente, no con fotocopia:

Que sea quien dice ser. Se compara la foto de la cédula con una selfie tomada en vivo, y el documento se contrasta con la Registraduría para confirmar que existe y está vigente. Esto elimina el fraude más común, que es alguien postulándose con la identidad de otro.

Qué antecedentes tiene. Las fuentes son públicas y consultables: Policía Nacional, Procuraduría, Contraloría, Rama Judicial, INPEC, juzgados de ejecución de penas y las listas restrictivas internacionales.

Si tiene procesos en curso donde es el demandado. Es el dato que a un propietario más le importa y el que casi nadie mira. Un proceso de restitución de inmueble arrendado cuenta una historia muy concreta: ya hubo un arrendador que tuvo que ir a un juzgado.

Lo que un registro no significa

Aquí es donde conviene tener cuidado, porque es fácil pasarse.

Un registro no es una condena. Una demanda ejecutiva por una deuda con un banco dice que alguien se atrasó, no que no vaya a pagarte. Un proceso de pequeñas causas puede ser un pleito de dos mil pesos entre vecinos. Y un proceso terminado hace ocho años no dice nada sobre la persona de hoy.

Nosotros lo resolvemos así: los procesos se leen por tipo y por estado. Una restitución activa pesa; un ejecutivo pesa mientras esté activo; una tutela no pesa, porque es un derecho que se ejerce, no una falta.

La decisión sigue siendo tuya. La propiedad es tuya.

Una cosa que casi nadie sabe: necesitas autorización

Consultar los datos de una persona en Colombia no es libre. La Ley 1581 de 2012 exige autorización previa, expresa e informada del titular: hay que decirle qué se va a consultar, para qué, quién lo va a ver y por cuánto tiempo.

Pedirle la cédula por WhatsApp y consultarla por tu cuenta te deja expuesto. Que el candidato autorice cada tratamiento por separado —datos personales, biométricos, historia crediticia— y que quede registrado con fecha y versión del texto, no es un trámite: es lo que hace legal el estudio.

La lista corta

Si mañana vas a mostrar tu apartamento, esto es lo que de verdad necesitas:

  1. Identidad verificada, no una fotocopia.
  2. Antecedentes en fuentes oficiales, con criterio para leerlos.
  3. Un contrato conforme a la Ley 820, firmado por las dos partes.
  4. La autorización de datos del candidato, guardada.

Lo demás es papel.

En Fiable eso es un link que le envías por WhatsApp: él lo hace en cinco minutos desde el celular y tú recibes el resultado con semáforo. Para ti es gratis; el estudio lo paga él, $59.900 una sola vez.